Hace una cara divertida y me dice:
— ¿Le gustan mis brazos como para pensarlos todo el tiempo?
Me sonrojo.
— No es lo que pretendía decir, quiero decir que me gusta pensar cuando estoy entre tus brazos. — Seguíamos abrazados teniendo esta "discusión".
— Me alegra saber que le soy útil madame. — me dice en tono gracioso.
— La verdad es que también me gustan tus brazos para pensar en su forma todo el día.
Me sonríe divertido con esa hermosa sonrisa que tiene.
— Misión cumplida — Digo hacia mi interior.

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